Papá:
Te cuento mis emociones e impresiones del momento. Te escribo desde un tren de Gran Velocidad (TGV) que sale de montpellier, donde curso mis estudios, en dirección a París, adonde voy a contar cuentos y leyendas tuaregs en una biblioteca. El tren es azul (el color que a ti te gusta), rapidísimo y muy cómodo, va mil veces más aprisa que tu gran dromedario blanco y es más largo que una caravana de cien camellos. En menos de cuatro horas, atravieso Francia de sur a norte, ¡como los ochocientos kilómetros que hay entre Tombuctú y Tamanraset!
Por la ventanilla, todo desfila a una gigantesca velocidad. A menudo, no logro ver la diferencia entre las vacas y las ovejas, pero, eso sí, papá, estas ovejas no se parecen en nada a las tuyas: en Francia, son gordas y lanudas y no tan libres como las nuestras. Aquí, los animales tienen comida de sobra para alimentarse a su voluntad. El paisaje es completamente verde, y los campos tienen preciosas formas geométricas, un poco como la mantilla de tu montura, A lo largo del viaje, el clima va cambiando: mucho sol al principio, lluvia a mitad del camino y frío a la llegada.
Dentro es la total comodidad en grandes butacas reclinables y mesitas para escribir o comer. Los viajeros van sentados uno junto a otro, pero, a mi parecer, no se hablan lo suficiente. Todos leen o tienen alguna otra cosa mejor que hacer. ¡Lástima! La verdades que al mundo occidental de nuestros días no le vendría nada mal imitarnos un poco.Aquí, cada uno es un TGV a su manera, con la sola diferencia de que "no se toma el tiempo de darse prisa", no se aprovecha de la belleza de la naturaleza y pasa sin mirar lo esencial.
Papá -¿sabes?-, incluso con el lujo y la comodidad que existen aquí, preferiría seguir siendo nómada, como TÚ, con los camellos, las cabras y las ovejas, LIBRE COMO EL AIRE para ir adonde quiera como una golondrina sobre las dunas de las arenas movedizas del Sahara, Sin embargo, a la espera de mi retorno, la magia fantástica del TGV me permite seguir siendo nómada de una forma INCOMPARABLE.
Te envío un beso, papá, y ¡hasta la jaima!
Moussa Ag Assarid.
.En el desierto no hay atascos: un tuareg en la ciudad. (2006)
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