viernes, 4 de mayo de 2012

La ladrona de libros.

Liesel no pudo responder enseguida. Tal vez fue la súbita sacudida amorosa que sintió por el. ¿O había sido así siempre? Era probable. Privada del habla, deseó que la besara, que la agarrara de la mano y la atrajera hacia él. No importaba donde. En la boca, en el cuello, en la mejilla.
Tenía toda la piel libre para él, a la espera.

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