Caerte y volver a ponerte en pie, tropezar y reponerse, resbalar y enderezarse, estrellar tu vuelo y remontar el despegue, encontrar la frustración y superarla, encontrar la satisfacción y conservarla, golpearte y volver a caminar.
Elegir tu camino, a veces no es fácil, muchas veces te pierdes, muchas veces te caes, y otras muchas te atracan… por eso, lo mejor es llevar marcado bien a dentro tus principios, tus metas y tus llegadas, tus logros y tus derrotas, porque de ellos aprendes, de ellos enseñas, nunca sabes que te puede esperar al otro lado de la puerta, un ogro, o por el contrario, un ser inofensivo.
Tus principios, tus derrotas y tus metas te ayudarán a comprender el por qué de cada momento, a afrontar con una sonrisa un mal momento o una situación incómoda, siempre has de tener tus principios presentes, tus metas a flor de piel y tus derrotas interiorizadas.
Cada derrota duele, algunas más que otras si es verdad, pero de cada una de ellas aprendes una cosa nueva, todas de ellas importantes, unas más moralizantes que otras, más emotivas también pero todas importantes, porque en un futuro, esas mismas derrotas se convertirán en victorias si de ellas has aprendido, si de verdad habías puesto tu empeño que ganarlo y no lo conseguiste, si de verdad estabas implicado plenamente, si no, una y otra vez cometerás los mismos errores y las derrotas seguirán siendo derrotas.
Tus metas son tu bien más preciado, tu tesoro mejor guardado y tu más sincera ilusión. Quién no ha querido, de pequeño, ser astronauta o profesor o jugador de fútbol, todos lo hemos querido ser, teníamos una meta, ahora no somos niños, nuestras metas han cambiado es verdad, pero son igual de importantes, son metas de todas formas, harás muchas locuras por conseguir cumplir una de ellas, una de tus metas y sustituirla.
Tus principios, inculcados desde que eres niño, donados por tus padres, por tu familia, son lo que te hacen ser como eres, ser persona humana, racional, libre.
Todo esto no sería posible sin una maquinaría perfecta, el Ser Humano, somos máquinas engrasadas perfectamente, la más maravillosa maquinaría es la que nos forma, por dentro todos somos iguales, los mismos engranajes, las mismas cuerdas, el mismo aceite, todo es igual, entonces, por qué somos tan distintos fuera? Es simple, somos marcas, cada uno distinto al de al lado, pero a la vez iguales, unos somos Paulas, Marios… una marca distinta, un mismo poder, la fuerza de voluntad.
Todos somos dueños de nuestro destino, podemos decidir levantarnos o por el contrario quedarnos tirados.